Tiempo de Adviento
Miércoles, 2 de diciembre 2020
estola de color morada

EUCARISTÍA

La Eucaristía es fuente y culmen de toda vida cristiana. En ella se alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración de la Eucaristía nos unimos a la Liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna. (C.I.C)

La Eucaristía es fuente y cumbre de toda la vida cristiana (LG 11;cf. DV 21)

¡Gracias, Jesús, por haberte quedado en la Eucaristía!; ¡yo te adoro! ¡Gracias, Jesús, por haberte quedado en la Eucaristía!; ¡yo te amo! (Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia)

Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura. (SC 47)

LA EUCARISTÍA en los escritos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia:

Y la presencia real de Jesús, dándoseme en comida y en bebida y haciéndome saltar de gozo en el Espíritu Santo, me repleta tanto, que se llenan todas las apetencias de mi corazón; porque poseo al Todo en mi nada en requiebros de amores eternos, que introduciéndome en sus pensamientos divinos, ilumina mi pobre entendimiento; sabiendo a qué sabe Dios y gustando en intimidad de familia de la misma vida que Dios vive en deletreo profundo de íntimos y dichosísimos requiebros de amor entre Dios y su pequeña Trinidad de la Santa Madre Iglesia...

Y porque mi fe se me hace viva y vivificante, en el Sacramento de la Eucaristía busco a Jesús Sacramentado, «como la cierva busca las aguas del cristalino arroyo»19; para saturarme, en la cercanía del Esposo divino de mi alma, del gozo dichosísimo de su presencia tras las puertas del sagrario, donde se oculta el Dios vivo durante todos los tiempos por si alguno viene a verle.

Y en su compañía y apoyada en su pecho, como el Apóstol San Juan en la última Cena, repleto toda la necesidad como insaciable de amar y de ser amada, que Dios puso en el corazón del hombre para poseerle repletándole con su llenura.

19 Sal 42, 1

Ver escrito completo: Opúsculo nº 17

Colección: Luz en la noche - El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa

Los Sacramentos de la Iglesia

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