LA SAGRADA ESCRITURA
San Jerónimo subrayaba la alegría y la importancia de familiarizarse con los textos bíblicos:
«¿No te parece que estás -ya aquí, en la tierra- en el reino de los cielos, cuando se vive entre estos textos, cuando se medita en ellos, cuando no se busca otra cosa?»
(Ep. 53, 10).
En realidad, dialogar con Dios, con su Palabra, es en un cierto sentido presencia del Cielo, es decir, presencia de Dios. Acercarse a los textos bíblicos, sobre todo al Nuevo Testamento, es esencial para el creyente, pues «ignorar la Escritura es ignorar a Cristo»
. Es suya esta famosa frase, citada por el Concilio Vaticano II en la constitución «Dei Verbum» (n. 25).
Benedicto XVI presenta las enseñanzas de San Jerónimo
Lecturas de la Santa Misa del día y de cualquier fecha
Elegir un día en el calendario para ver sus Lecturas. Los Domingos y Festivos contienen un breve comentario.
en este monte, un festín de manjares suculentos,
un festín de vinos de solera;
manjares exquisitos, vinos refinados.
el velo que cubre a todos los pueblos,
el lienzo extendido sobre todas las naciones.
Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros,
y alejará del país el oprobio de su pueblo
—lo ha dicho el Señor—.
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. R
“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
DOMINGO DE LA XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
La Iglesia como festín de manjares suculentos, el banquete de boda de Dios con los hombres, que se inaugura con la Encarnación del Verbo.
¡Qué hermosa es la Iglesia tal como Dios la ha pensado y la ha realizado! ¡La Iglesia en el tiempo y en la Eternidad!
Si siempre suelo encontrar ocasión para citar a la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, experta en tantos aspectos de la vida espiritual, hoy sí me gustaría ofrecer algunos puntos de referencia para poder gozar y sufrir también con la Iglesia.
Definición de Iglesia: (Libro Frutos de oración
, de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia)
731. ... la realización de la voluntad eterna del Padre que, con Palabra infinita y amor de Espíritu Santo, recopila en sí a todos los hombres por Jesucristo, a través de María. (12-1-1967)
732. Dios viviendo su vida con el hombre y el hombre viviendo su vida con Dios por Cristo y en el seno de María: ésta es la Iglesia. (12-1-1967)
733. La Iglesia es la congregación de Dios con todos los hombres, de todos los hombres con Dios, de todos los hombres entre sí recogidos por Jesucristo, congregados por el Espíritu y unidos en la voluntad del Padre. (12-1-1967)
736. La Iglesia es el gran hogar de los hijos de Dios, donde todos nos sentamos a la mesa del Padre, para saciarnos en abundancia de la vida divina. (12-1-1967)
737. La Iglesia es la congregación de los hijos de Dios que caminan en un cántico de júbilo hacia la Eternidad. (12-1-1967)
738. La Iglesia es el Pueblo de Dios congregado en el amor del Espíritu Santo, que camina con Cristo hacia la Eternidad por el camino de la voluntad del Padre al amparo de la maternidad de María. (12-1-1967)
Riqueza de la Iglesia:
742. El Infinito, queriéndose derramar en plenitud sobre mi Iglesia, la engalanó tan maravillosamente que la hizo ser como el corazón de Dios en la tierra. (15-9-1963)
743. Eres toda hermosa, Hija de Jerusalén; estás engalanada con la Santidad infinita que te envuelve, penetra y satura, teniendo en ti, por Cristo, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios. (21-3-1959)
745. Mi Iglesia es toda hermosa, engalanada y enjoyada con la misma divinidad, que sobre ella se derrama en cataratas de ser y en Trinidad de personas. (15-9-1963)
750. Iglesia mía, el Padre te da su Palabra para que te abra su seno amoroso, el Verbo te dice todo el secreto de la vida eterna, y el Espíritu Santo te abrasa en su fuego, depositando en ti sus tesoros y carismas, para que, por tu medio, las almas vivan su filiación divina y se metan en el seno del Padre. Iglesia mía, ¡qué hermosa eres!, ¡cuánto te amo! (21-3-1959)
751. El Padre ama a su Iglesia tan maravillosamente, que, queriéndole decir, en un derramamiento de su Amor infinito, todo lo que Él es, tan divinamente se lo dice, que con la misma Palabra que Él tiene en su seno para expresarse a sí, se lo expresa a la Iglesia, para que ésta me lo deletree en un romance de amor. (15-9-1963)
Fragmentos de poesía de la riqueza y tragedia de la Iglesia: (Libro Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa
Opúsculo nº 1)
Aunque te haya visto triste,
[...]
Iglesia, ¡cómo te veo...!:
¡tan divina como humana!,
siendo el Verbo el que se expresa
cuando tu canción proclamas;
mientras que yo te contemplo
toda en tu ser impregnada
de eterna sabiduría
por tu divina Palabra;
llena de infinitos dones
y en caridad repletada
cuando te miro en tu hondura,
aunque me ocultes tu cara.
Y aunque te quieras mostrar
a mi ser tan ultrajada,
tirada en tierra y llorosa,
jadeante y encorvada,
tú sabes que te conozco;
y que, por muy humillada
que ante mí tú te presentes,
veo en tu pena callada
al Esposo que, en tu seno,
descansado, se remansa.
Pues aunque sé que estás triste
y en tus miembros desterrada,
también sé que eres gloriosa
en la Fiesta del que amas.
Iglesia, ¡qué hermosa eres...!
cual Esposa engalanada,
rodeada de los hijos
que, llegando en la mañana
al día eterno de Dios,
en su festín te regalan.
Y «allí», sin velo de luto,
sin tu faz desencajada,
sin tu mirada entre llanto,
con tus sienes coronadas,
te veo fluyendo en Luz
de rompientes cataratas,
abrasada y reposando
en el pecho del que amas.
Son tus mejillas luceros
por donde el Sol se derrama,
como volcán encendido
en refrigerantes llamas.
Te veo llena de hijos,
como virgen desposada,
palpitante y rebosando,
cual Esposa enamorada,
del manantial infinito
de la dicha que en ti mana.
Iglesia, ¡eres la misma...!,
aunque te vea tirada,
aunque me pidas ayuda...
Y aunque me ocultes tu cara,
envolviéndote en tu manto
cual mujer abandonada,
yo sé mirar en tu angustia
la hermosura que te embarga,
la belleza del Dios vivo
que, tras tus noches, me habla.
Por eso, cuando te miro
en esta tierra manchada,
y te quieren destronar,
aunque nunca lo lograran,
mi alma revienta en llanto
por tu dolor anegada,
ante el amor que te tengo
y la unión que a ti me abraza,
en medio de la tiniebla
de densas noches cerradas
y repletas de dolor
en que te mira mi alma...
Iglesia, ¡ponte de pie!
¡y descúbrete tu cara!
¡Tira tu velo de luto!,
¡preséntate repletada!,
¡y aplasta con tu poder,
con la luz de tu mirada,
la soberbia que te escupe
en tus mejillas sagradas...!
¡Levántate, Iglesia!, ¡pronto!,
¡que la confusión avanza
y se asustan los pequeños
con la doctrina que engaña!
¡Descúbrete pronto, Iglesia!,
¡y con tu fuerza arrebata
los corazones sencillos;
al mismo tiempo que aplastas
la soberbia de los grandes
con tu divina Palabra...!
Qué pena da constatar el desconocimiento que hay de la Iglesia, olvidando que no se trata de una organización humana, cuyos miembros tienen defectos y limitaciones; sino que, usando palabras de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia: mi Iglesia Santa es la Trinidad en la tierra en expresión divina y humana
. Mi Iglesia es el hablar de Dios a los hombres
. Mi Iglesia es mi Dios con corazón de Madre
. ¡Mi Iglesia es mi Madre con corazón de Dios!
.
