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Lunes, 6 de julio 2020
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Álbum del año 2010

Virgen de la Antigua 2010

Miércoles 8 de septiembre

Textos: Mi 5, 2-5a; Sal 12; Rom 8, 28-30; Lc 1, 1-16.18-23.

Introducción

Celebra hoy toda la Iglesia la fiesta de la Natividad de nuestra Señora. Con ser una de las fiestas marianas más antiguas, no se empieza a celebrar hasta el siglo VI en Oriente, comenzando el año litúrgico con esta fiesta y terminando con la de la Dormición o Asunción de María a loscielos. En Occidente comienza a celebrarse en el siglo VII. Pero ya antes hay muchos escritos y homilías de los Santos Padres y Escritores sagrados que tratan sobre la Natividad de la Virgen María, la Madre de Jesús.

1. Acontecimiento de gracia

Hoy celebramos con gran alegría la Natividad de la Madre de Dios, y madre nuestra, María. Sin embargo su nacimiento no pasó de ser un acontecimiento insignificante a los ojos del mundo, del que ni siquiera queda memoria cierta del día ni del lugar. Unos lo fijan en Belén, otros en Séforis, otros en Jerusalén. Y, en cuanto a la fecha, la Iglesia la ha fijado en el 8 de septiembre, como fija lógicamente desde ahí la de la Inmaculada Concepción de María en el 8 de diciembre, nueve meses antes.

No es, por tanto importante este día por conmemorar el nacimiento de un personaje importante a los ojos del mundo, como se celebra el nacimiento de Cervantes o de Shakespeare, o de los Reyes o de los Papas o de personajes ilustres.

Ni siquiera es lo más importante en María su alcurnia o sus antecedentes en el árbol genealógico, aunque, efectivamente, se considera hija de Abraham, de la tribu de Judá, de la estirpe de David y, en la línea de las mujeres ilustres de Israel, como Judit, Ester, Rebeca, Rut… o simbolizada en la Amada del Cantar de los Cantares del Antiguo Testamento, o en la mujer vestida de blanco, coronada por doce estrellas, con la Luna a sus pies del Nuevo Testamento, o en la Novia que se adorna para su esposo y desciende del cielo.

2. Motivos para la alegría y la acción de gracias

El misterio que hoy celebramos, por el que la Iglesia nos invita a alegrarnos y regocijarnos, y a cantar y dar gracias a Dios, es que con el Nacimiento de María, y ya antes con su Inmaculada Concepción en el vientre de su madre Santa Ana, se anuncia y comienza la nueva Era, el tiempo, el día y la hora de nuestra redención, la salvación y la esperanza para toda la humanidad, porque de esta mujer, cuya Natividad hoy celebramos, nacerá el Salvador del mundo, el Hijo de Dios hecho hombre en las entrañas de la Virgen Madre. Alegrémonos nosotros también, cantemos y demos gracias a Dios por el nacimiento de su Madre, de la Madre de Nuestro Salvador, la Madre de nuestra salvación, que comienza a ser realidad en ella, anticipadamente desde el momento de su Inmaculada Concepción y que se alumbra con su Natividad, aunque el mundo de entonces no tomara conciencia de ello. Nosotros, por la fe sí podemos tomar conciencia y vivirlo con regocijo.

3. La fiesta en la Historia

También los cristianos de hace muchos siglos, tomaron conciencia de esta realidad gozosa de su salvación, que nos viene por María, como Madre del Salvador. También en nuestra ciudad hay vestigios de una devoción muy antigua a la Virgen María, que comienza a ser un hechohistóricamente demostrable desde la Reconquista.

Como en otros muchos lugares en España, se vincula la devoción a la Virgen María a imágenes que se veneraron antes y durante la dominación árabe, que, en un momento se ocultaron y, con la liberación del dominio árabe, fueron descubiertas y hoy, cuando no han sido destruidas, se conservan restauradas o, como es nuestro caso, han sido sustituidas por otra con la misma advocación. Para nosotros, la Virgen de la Antigua, declarada Patrona de la ciudad de Guadalajara.

4. María intercesora

Con buen criterio y fieles a la doctrina y a la praxis de la Iglesia y del pueblo cristiano, desde los inicios, nos acogemos a la protección e intercesión de la Virgen María y acudimos a ella en todas nuestras necesidades, a ella encomendamos a nuestra familias y cuantas personas tienen necesidad de especial protección, a los vivos y a los difuntos.

Es lógico que quien ha colaborado tan determinantemente a que el mismo Hijo de Dios, encarnado en sus entrañas haya venido a salvarnos, podrá alcanzarnos de su mismo Hijo toda otra gracia y don que nos convenga.

5. María, modelo y guía

Pero en la devoción a La Virgen María, como en la de los Santos y los Ángeles, hay siempre un aspecto, también fundamental; a saber, que están puestos para sernos ofrecidos como modelos, ejemplo y guías en nuestro itinerario espiritual. Ellos, y María de un modo eminente, reflejan la santidad, los carismas, los dones y las virtudes, que tienen su plenitud y su máxima expresión en Nuestro Señor Jesucristo, Camino, Verdad y Vida para todo hombre y mujer, de todos los lugares y de todos los tiempos.

Cada uno, desde nuestra condición, oficio, profesión, vocación, circunstancia concreta, podemos fijarnos en aquellos aspectos de la vida, del comportamiento de María que más directamente nos interpele y que el Señor nos invite a imitar. Estoy seguro de que todos tenemos mucho que aprender de María: Su humildad, su sencillez, su sentido de la presencia de Dios en su vida y en la historia de su pueblo, su contacto con Dios por el cultivo de la oración y de la palabra, su capacidad para ver la acción de Dios en los acontecimientos de su vida y de la vida de su Hijo, su sensibilidad ante la necesidad de los demás. Recordemos la Visitación a su prima Isabel o las Bodas de Caná, las virtudes de madre, esposa y discípula; su identificación con la causa, la misión y la persona de su Hijo. Recordemos la escena de la Cruz. Su amor a la naciente Iglesia, su docilidad a la acción del Espíritu...

6. María, modelo y guía en nuestro Plan Pastoral Diocesano

Por celebrarse esa fiesta de la Natividad de la Virgen María al comienzo del Curso Pastoral, es obvio que haga una referencia a nuestro programa, dentro del Plan Pastoral Diocesano para este año, que se centra en el fomento de la vocación, misión y compromiso de los laicos.

Urge que los seglares tomen conciencia de su vocación y de su misión en la Iglesia y en la sociedad. Es un error pensar que la tarea de la evangelización del mundo es sólo asunto de los sacerdotes y de las personas consagradas. Nunca ha sido así. De hecho, María, la Madre de Jesús, que tuvo y sigue teniendo un papel tan importante en la evangelización, que es la obra de su Hijo, no es ni sacerdotisa ni monja. Es una esposa, una madre de familia, una sencilla mujer de pueblo, una creyente cultivada en la religión judía, una fiel hija del pueblo de Israel primero, y después, una fiel discípula, la más fiel, de su Hijo.

7. Responsabilidad y misión de los laicos

La evangelización de nuestro mundo, es decir que los hombres y mujeres de nuestro tiempo conozcan el plan de Dios, manifestado por la palabra, la vida, muerte y resurrección de su Hijo, nacido de la Virgen María y encomendado a la Iglesia para su conservación, trasmisión y alimentación, depende en buena parte de los seglares. ¿Quién puede acompañar el desarrollo de los niños, adolescentes y jóvenes con la enseñanza, la educación, el ejemplo y la práctica cristiana mejor que los padres? ¿Quién puede atraer nuevamente a la fe y la vida cristiana a quienes la han abandonado o vacilan mejor que otros cristianos que, por razón de familia, amistad, profesión, vecindad, etc. se relacionan con ellos? ¿Quién puede dar mejor el testimonio de la autenticidad de la fe y de la vida cristiana en los ambientes de trabajo, profesión, tiempo libre que cristianos comprometidos, que no ocultan su condición y ofrecen su testimonio y su servicio humilde a quienes conviven con ellos?

8. Los laicos en la comunidad cristiana

Ciertamente necesitamos la colaboración y la corresponsabilidad de los laicos dentro de la comunidad cristiana: En el culto y en las celebraciones –acólitos, lectores, cantores…–. En las tareas de la formación en la fe –maestros, profesores de Religión, catequistas–. En la acción social y caritativa de las comunidades –Caritas, atención de enfermos, ancianos, inmigrantes, alejados–. Y todo esto no porque hoy haya menos sacerdotes y porque las perspectivas sean de que en un futuro próximo seremos menos, sino porque la Iglesia es así. No es patrimonio de los sacerdotes, sino la familia y pueblo de Dios donde todos, cada uno en su condición, participamos de la misión de Cristo de dar culto a Dios, de enseñar y de cuidar la comunidad de los hermanos.

9. Los laicos y su acción en el mundo

Con todo y con ser necesaria y urgente una mayor colaboración y una más eficiente corresponsabilidad en las tareas de la propia comunidad de fe, hoy se hace apremiante que los seglares asuman su responsabilidad y su compromiso en la gestión de las realidades temporales. Tienen el derecho y la obligación de colaborar con otras instancias y personas, creyentes y no creyentes en impregnar las realidades temporales, como son la política, la vida social, la cultura, el arte, la economía, la empresa, el mundo del trabajo, las relaciones interpersonales y entre los pueblos, los medios de comunicación social, el medio ambiente… de los valores que nacen del Evangelio, como son: la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, que para los cristianos tiene el nombre de amor cristiano.

10. Los jóvenes

En este curso que empieza ocupará un lugar destacado nuestra preocupación y empeño por los jóvenes. Nos preparamos para celebrar en el próximo mes de agosto la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Durante todo el curso tendrán lugar diversos actos, como la peregrinación por la diócesis de la Cruz de las Jornadas de los jóvenes, la preparación y la acogida de jóvenes en los días previos, etc. Toda la diócesis ha de estar en tensión no sólo para que resulte bien la Jornada, sino para que nuestros jóvenes vivan una experiencia, en la celebración de la Jornada y antes, que les anime y atraiga a los que están tibios o alejados a incorporarse a la vida de verdaderos discípulos del Señor, mensajeros y testigos de su Evangelio en la Iglesia y en el mundo. Ojalá que también surjan de la preparación y celebración de esta Jornada Mundial de la Juventud vocaciones, tan necesarias, al ministerio sacerdotal, a la Vida Consagrada, a la Misión y al compromiso laical en las comunidades cristinas y en nuestra sociedad, empezando por nuestra propia ciudad de Guadalajara. Que no se quede nuestra fiesta sólo en la celebración religiosa de este día y de los posteriores días de diversión. Amén.

+ José Sánchez González

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Álbum del año 2010

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