Tiempo Ordinario
Domingo, 18 de octubre 2026
estola de color verde
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LA SAGRADA ESCRITURA

San Jerónimo subrayaba la alegría y la importancia de familiarizarse con los textos bíblicos:
«¿No te parece que estás -ya aquí, en la tierra- en el reino de los cielos, cuando se vive entre estos textos, cuando se medita en ellos, cuando no se busca otra cosa?» (Ep. 53, 10).

En realidad, dialogar con Dios, con su Palabra, es en un cierto sentido presencia del Cielo, es decir, presencia de Dios. Acercarse a los textos bíblicos, sobre todo al Nuevo Testamento, es esencial para el creyente, pues «ignorar la Escritura es ignorar a Cristo». Es suya esta famosa frase, citada por el Concilio Vaticano II en la constitución «Dei Verbum» (n. 25).

Benedicto XVI presenta las enseñanzas de San Jerónimo

Lecturas de la Santa Misa del día y de cualquier fecha

Elegir un día en el calendario para ver sus Lecturas. Los Domingos y Festivos contienen un breve comentario.

Estola de color verde
Domingo XXIX del tiempo ordinario
Primera lectura
Is 45, 1. 4-6
Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones
Lectura del libro de Isaías.
ESTO dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10ac (R: 7b)
R
Aclamad la gloria y el poder del Señor.
V
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R
V
Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R
V
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R
V
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente». R
Segunda lectura
1 Tes 1, 1-5b
Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.
PABLO, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.
Palabra de Dios.
Aleluya
Flp 2, 15d. 16a
R
Aleluya, aleluya, aleluya.
V
Brilláis como lumbreras del mundo,
manteniendo firme la palabra de la vida. R
Evangelio
Mt 22, 15-21
Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Palabra del Señor.

DOMINGO DE LA XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Se ha interpretado de muchas maneras esta frase y muchas veces tendenciosamente por uno u otro lado. En circunstancias distintas cuando los Sumos Sacerdotes amonestan a Pedro y los Apóstoles porque no les habían obedecido: ¿No os habíamos prohibido que hablárais en nombre de Éste? Pedro responderá: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Todos y cada uno pertenecemos al Reino de Dios y al reino de los hombres. Tenemos que tener un criterio claro para que en nuestra actuación no haya oposición entre lo que debemos a Dios y lo que debemos a los hombres.

En el caso planteado a Jesús, y de un modo malévolo para tratar de acusarle, la respuesta de Jesús es clara: vosotros dependéis de Roma, pues comportaos como buenos ciudadanos, pero si Roma, como sucedió después con las persecuciones pretendiera de vosotros algo que debéis a Dios: Reconocimiento de su divinidad, atribuyéndose el emperador algo que no le corresponde, en este caso os pide algo sagrado que le corresponde a Dios: reconocerás al señor tu Dios y a Él solo servirás...

¡Cuántos mártires en los primeros siglos por no ofrecer incienso al emperador! En los tiempos modernos ¡cuántos sufren por obedecer a su conciencia antes que a leyes injustas del Estado! Y cuántos por cobardía o miedo no son fieles a su conciencia y por tanto no dan a Dios lo que es de Dios.

En la vida ordinaria tenemos los cristianos que ser óptimos ciudadanos respetando las normas que nos imponen los estados legítimamente constituidos, pero tenemos el deber sagrado cuando las circunstancias nos lo exigen de obedecer antes a Dios que a los hombres.

Así enlazamos con la alabanza que hace San Pablo a los Tesalonicenses en la segunda lectura: cuando se proclamó el Evangelio ante vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Un cristiano profundamente convencido tiene que actuar como tal, de tal manera que su fe inspire siempre su conducta en circunstancias fáciles o difíciles.

De distintas maneras las lecturas nos llevan a una misma conclusión.

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