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Lunes, 13 de julio 2020
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SANTÍSIMA TRINIDAD

El misterio de la Santísima Trinidad -nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el nº 234- es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la ley que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de la fe.

Aquí sí que nos podríamos extender todo lo que quisiéramos entrando en el arsenal de doctrina y vivencia trinitaria que encontramos en las charlas y escritos de la Madre Trinidad.

Si en ellos se habla mucho de la Trinidad es porque no se comprende la riqueza de la Iglesia sin ver que en ella Dios mora de asiento. Cristo, su Cabeza, trae consigo al Padre y al Espíritu Santo y las Tres Personas Divinas se dan a su iglesia y a través de ella durante todos los tiempos. Veamos unos pensamientos:

742. El Infinito, queriéndose derramar en plenitud sobre mi Iglesia, la engalanó tan maravillosamente que la hizo ser como el corazón de Dios en la tierra. (15-9-1963)

745. Mi Iglesia es toda hermosa, engalanada y enjoyada con la misma Divinidad, que sobre ella se derrama en cataratas de ser y en Trinidad de personas. (15-9-1963)

748. ¡Qué alegría tan grande que, en el seno de la Iglesia, esté la riqueza de Dios tan maravillosamente, que las tres divinas Personas se entregaron a ella como regalo de amor en el día de sus bodas! (25-5-1959)

749. Todo el misterio divino en su Trinidad una es la riqueza esencial de mi Iglesia Madre. (5-3-1962)

750. Iglesia mía, el Padre te da su Palabra para que te abra su seno amoroso, el Verbo te dice, en un romance de amor de inédita ternura e infinita misericordia, todo el secreto de la vida eterna, y el Espíritu Santo te abrasa en su fuego, depositando en ti sus tesoros y carismas, para que, por tu medio, las almas vivan su filiación divina y se metan en el Seno del Padre. Iglesia mía, ¡qué hermosa eres!, ¡cuánto te amo! (21-3-1959)

755. Es el Espíritu Santo el Amor que impulsa al Padre y al Hijo en su donación a la Iglesia, el Amor que la envuelve, penetra, satura y ennoblece; y es el Amor mediante el cual se obró la Encarnación en las entrañas purísimas de María, que es la expresión del habla de Dios a los hombres en urgencia eterna de comunicársenos. (15-9-1963)

Tampoco podemos valorar el misterio de Cristo si no lo vemos como el Verbo del Padre Encarnado; distinguiendo perfectamente lo que Cristo es y lo que Cristo hace a través de su humanidad.

Una única persona, pero con la realidad maravillosa de ser verdadero Dios y verdadero hombre con todas sus consecuencias.

Y si se trata de María, para valorar su maternidad divina y si se trata de nuestra vida de gracia para valorar lo que supone participar en la misma vida de Dios en cada una de sus Personas. La que será nuestra vida eterna es ya nuestra vida de gracia en el tiempo.

Veamos algunos pensamientos sobre Cristo, del libro Frutos de Oración:

596. Cuando miro al Verbo Encarnado como Dios, veo en Él toda la perfección infinita de la divinidad; y cuando le miro como hombre, le veo recopilación perfecta de toda la humanidad. (15-10-1974)

599. Jesús es la sabiduría eterna del Padre en Expresión cantora; es la Luz del Resplandor eterno; es el todo infinito de Dios en deletreo amoroso de conversación divina y humana; por lo que, cuando estoy con Él, estoy ante la contención apretada que encierra en sí cuanto es el que Se Es, y cuanto es toda la creación. (14-9-1974)

607. Cuando yo me uno al Verbo Encarnado, por mi injerción en Él, me uno también con el Padre y el Espíritu Santo, pasando a vivir su misma vida, por participación, y siendo ellos UNO en mí –no uno conmigo–; en esa misma injerción me uno con los hombres de todos los tiempos y ellos conmigo, siendo todos uno en Cristo, y, por Él, entre nosotros, viviendo todos unidos con y en la Familia Divina. (13-7-1966)

Veamos algunos pensamientos sobre la participación en la vida de la Trinidad (Frutos de Oración):

976. La vida de la gracia es que, no sólo Dios vive su vida en nosotros por esencia, presencia y potencia, sino que, al injertamos en Jesucristo por el bautismo, se viene a vivir su vida con nosotros en comunicación de amigos. (13-2-1967)

977. ¡Qué alegría saber que lo que Dios hace en sí y para sí mismo, lo hace en mi alma para mí...! (2-12-1962)

980. Escucha, alma querida, que el Padre te está diciendo su infinita Palabra en el amor del Espíritu Santo, hoy, en el centro de tu alma, solamente para ti; y te la deletrea según tu capacidad y actuación para que, haciéndote conforme a ese decir amoroso, te hagas Trinidad por participación. (15-10-1963)

981. Por mi ser de Iglesia, vivido en intimidad amorosa con la Familia Divina, me siento penetrada e impregnada de la Sabiduría del Padre, llena de la Palabra del Verbo, y saturada en el Amor del Espíritu Santo en retornación amorosa hacia Él y en amor profundo a cuantos me dio. (25-4-1978)

Ante la excelencia y perfección infinitas, mi postura ha de ser (Frutos de Oración):

426. ¡Alegrémonos unidos en Dios, que Él es eternamente feliz, sin nada ni nadie que le pueda quitar su gloria...! ¡Alegrémonos en el triunfo definitivo de Jesús, en el triunfo de María y de la Iglesia! Y ése será nuestro gozo que nada ni nadie nos podrá quitar. ¡Qué importan los sufrimientos de ahora llenos de promesas y esperanzas en el triunfo del Amor Infinito! (11-12-1974)

430. Cuando en el saboreo de la oración callada vislumbro algo de la gloria de tu ser infinito, mi capacidad, traslimitada, rompe en un «¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!», ante la alegría casi infinita que me envuelve de saber lo glorioso que te eres. (3-7-1962)

437. Dios es Dios por ser Dios, porque Él es lo que es por sí mismo y para sí mismo; y esto que puede parecer una cosa tan fría, es el gozo eterno de los bienaventurados y la alegría más repleta de mi alma. (30-1-1959)

440. En la profundidad del seno de mi Familia Divina, hundida en su silencio, desde mi bajeza, trascendiendo, amo lo que comprendo y adoro lo que me queda por conocer. (18-12-1960)

446. Mi alma-Iglesia, con Cristo, se siente toda adoración, llenando la exigencia de mi pequeñez ante el reconocimiento de la excelencia de Dios, que me hace vivir en la verdad. (15-10-1974)

461. ¡Yo necesito adorar la excelencia de la Majestad infinita, y buscar adoradores de Dios para glorificarle según la infinita Santidad desea de sus criaturas...! ¡Qué extraño es el hombre, cuando ni siquiera siente necesidad de adorar...! ¡Falta de conocimiento de Dios! (3-10-1974)

466. Cuando adoro, soy feliz, porque soy lo que tengo que ser y hago lo que tengo que hacer. (15-10-1974)

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