Tiempo Ordinario
Miércoles, 15 de julio 2020
estola de color verde

PENTECOSTÉS

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

¿Que sucedió en Pentecostés?

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el nº 144 del compendio, lo explica así:

Se abre un paréntesis que se cerrará al final de los tiempos: El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse (1ª lec) En Pentecostés, cincuenta días después de su Resurrección, Jesucristo glorificado infunde su Espíritu en abundancia y lo manifiesta como Persona divina, de modo que la Trinidad Santa queda plenamente revelada. La misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia, enviada para anunciar y difundir el misterio de la comunión trinitaria.

Todo lo que Dios hace en su acción hacia fuera –creación y redención- lo hace siempre a través de una acción única, pero con el matiz de cada una de las Personas Divinas. Se impone un conocimiento claro de lo que es y hace cada Persona.

Una vez más acudimos a la clarividencia con que se nos presenta cada Persona divina en el libro Frutos de Oración:

El Padre

271. La razón de la persona del Padre está en que Él se está siendo de por sí en tal fecundidad y perfección, que tiene que romper engendrando. (6-11-1964)

272. El Padre se es su perfección eterna e infinita en sí y de por sí; y toda esta perfección, en Dios, Él se la es sabiéndosela; porque lo que le hace al Padre ser Padre, es estarse siendo de por sí lo que es en conciencia personal. (22-1-1965)

El Hijo

279. El Padre es la Sabiduría que se penetra en tanta perfección y posesión en sí mismo, que rompe diciéndose lo que es, y este «romper» es engendrar; y el Dicho, en explicación perfecta e infinita de todo lo que es, es su Hijo. (6-3-1968)

291. El Verbo dice, en un solo acto de ser, todo el inexplicable ser del Padre, del Espíritu Santo y de sí mismo, siendo la única Palabra que abarca, en una sola expresión, todo el ser inmenso, infinito, eterno e inagotable que se es Dios. (28-6-1959)

293. Verbo del Padre, alegría y gozo infinitos por tu ser, Tú te eres también Cántico alegre en persona, que expresas y dices, en un júbilo eterno, tu vida en canción. (26-6-1959)

El Espíritu Santo

282. El Padre, de tanto serse, rompe cantando, y esa Canción es su Verbo; y rompe amando por sí y por su Hijo, y ese Amor es el Espíritu Santo. (21-6-1959)

283. El engendrar del Padre es un decir: Hijo mío, tan infinitamente amoroso, que el amor con que se aman es todo cuanto son, por su ser, el Padre y el Hijo, en Beso de amor. (19-4-1977)

308. El Padre y el Verbo se aman, y este «se aman» en la consumación de amor es el Espíritu Santo. (19-2-1962)

313. El Padre le da al Verbo, al amarlo, toda su vida, y el Verbo se la retorna al Padre en amor filial tan perfecto, que toda esa vida que los dos se son, en Amor paterno-filial, es el Espíritu Santo. (19-2-1962)

Intervendrán siempre los Tres, pero los matices personales nos obligarán a ser muy conscientes de la manera con que lograremos nosotros participar de la vida de cada una de ellas.

Los planes eternos de la creación y redención diseñados por la sabiduría eterna del Padre, han sido explicados en su realización en el tiempo por el Hijo y completados" en el amor del Espíritu Santo.

En cuanto a la redención, el diseño del Padre ha contado con el del Hijo, que con su realidad de Hombre-Dios, Verbo eterno Encarnado, ha realizado con todos los detalles aquel diseño eterno del Padre. Va a completarse en el Amor lo realizado por el Hijo. Conviene que Yo me vaya, para enviaros al Consolador, al Espíritu Santo. El Espíritu Santo se hará más visible desde Pentecostés para que percibamos su acción personal en el tiempo: El diseño del Padre, realizado por Cristo se consuma, se completa, con la acción perenne del Espíritu Santo, en la Iglesia naciente y perpetuada en el tiempo: la acción de los Tres permanente en la Iglesia.

La acción del Espíritu Santo en la Iglesia nos llevaría muy lejos. Bastan algunas afirmaciones de la Madre Trinidad en una charla del 18-1-1965: El Espíritu Santo en la Iglesia:

El Espíritu Santo viene para enseñar en el Amor lo que el Padre quiso y el Verbo explicó. El Espíritu Santo nos adhiere y nos hace vivir lo que el Padre quiere y el Verbo nos enseña. Como el Espíritu Santo congrega al Padre y al Hijo en la Familia Divina, así congrega a todos con el Padre y con el Hijo y me adhiere a todos los hombres de todos los tiempos en la gran familia de los hijos de Dios. Adhesión a lo que el Padre quiso manifestar a través del Hijo y por esto la adhesión a lo que Cristo es y a lo que Cristo hizo.

Gracias a esta acción perenne del Espíritu Santo vivimos en adhesión de júbilo y gozo la vida de la Iglesia.

Una sola voluntad tienen los Tres y por esto no se puede explicar la acción de una persona divina sin explicar la acción de las otras dos personas. Una única acción con el matiz personal de las Tres.

No me meto en las lecturas, me basta hacer mía la oración: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles... para que seamos capaces de hacer nuestro el plan de Dios en la creación y en la redención: querido por el Padre, deletreado por el Hijo y realizado siempre en el Amor de los dos, el Espíritu Santo.

¡Qué bien se comprende la misión de la Iglesia!, (como leíamos en el C.I.C. nº 144), enviada para anunciar y difundir el misterio de la comunión trinitaria.

Del libro Frutos de Oración:

731. ... la realización de la voluntad eterna del Padre que, con Palabra infinita y amor de Espíritu Santo, recopila en sí a todos los hombres por Jesucristo, a través de María. (12-1-1967)

732. Dios viviendo su vida con el hombre y el hombre viviendo su vida con Dios por Cristo y en el seno de María: ésta es la Iglesia. (12-1-1967)

733. La Iglesia es la congregación de Dios con todos los hombres, de todos los hombres con Dios, de todos los hombres entre sí recogidos por Jesucristo, congregados por el Espíritu y unidos en la voluntad del Padre. (12-1-1967)

738. La Iglesia es el Pueblo de Dios congregado en el amor del Espíritu Santo, que camina con Cristo hacia la Eternidad por el camino de la voluntad del Padre al amparo de la maternidad de María. (12-1-1967)

739. Dios con el hombre y el hombre con Dios, con corazón de Madre y amor de Espíritu Santo, éste es el misterio de la Iglesia. (12-1-1967)

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