Tiempo Ordinario
Domingo, 13 de septiembre 2026
estola de color verde

San Ginés de Arlés, Martir
Titular de nuestra parroquia

Memoria litúrgica: 25 de agosto

El cumplimiento del deber, semillero de Iglesia.

Antífona de entrada:

«Los santos derramaron su sangre por Cristo, por eso se alegran con Dios para siempre»

ORACIÓN COLECTA

«Dios de poder y misericordia, que diste tu fuerza al mártir san Ginés para que pudiera resistir el dolor de su martirio, concédenos que quienes celebramos hoy el día de su victoria, con tu protección, vivamos libres de las asechanzas del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo».

San Ginés de Arles, Parroquia de Guadalajara, España
San Ginés de Arlés.
Parroquia de San Ginés. Guadalajara, España

San Ginés servía como exceptor (notario y taquígrafo judicial) en la curia del magistrado de Arlés, en la Provenza romana, bajo los emperadores Maximiano y Diocleciano. Su oficio consistía en escribir: levantar acta, copiar al dictado, dar fe pública de cuanto ante el tribunal se decía. Un día le fue dictado, para que lo transcribiera, el edicto de persecución contra los cristianos. San Ginés arrojó las tablillas de cera a los pies del magistrado y huyó. Fue apresado y decapitado en Trinquetaille, a la otra orilla del Ródano, hacia el año 303. Era todavía catecúmeno: no llegó a recibir el bautismo de agua, y la Iglesia lo cuenta entre los bautizados en su propia sangre. Su nombre figura ya en el Martirologio Jeronimiano, y en el siglo IV se le veneraba en Arlés con iglesia y altar propios; la más antigua noticia de su vida es un sermón del siglo V atribuido a San Hilario de Arlés, sobrio y casi sin elementos maravillosos.

Lo característico de este martirio es el lugar donde ocurrió: no en un templo ni en una plaza, sino en su puesto de trabajo y en el ejercicio mismo de su profesión. San Ginés no salió a buscar el martirio. Cumplió su deber hasta el punto exacto en que seguir cumpliéndolo habría sido traicionarlo, y allí se detuvo. Negarse a poner la mano y la fe pública al servicio de la injusticia fue, para él, la forma concreta que tomó la voluntad de Dios aquella mañana. Por eso la Iglesia lo honra como patrono de notarios, escribanos y secretarios.

Los pensamientos que siguen, de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, iluminan las tres vertientes de este testimonio: la santidad escondida en el deber cotidiano, la valentía de dar la cara, y la fecundidad de la sangre derramada por la Iglesia.

“TESTIMONIOS VIVOS DE IGLESIA EN MEDIO DEL MUNDO”

1.972. Cuando tú, por amor a Dios y a los demás, cumples con perfección tu deber, allí donde te ponga la voluntad divina, eres un testimonio vivo de Iglesia que ilumina a los hombres, lanzándolos con tu ejemplo al encuentro del Reino de los Cielos. (14-12-1976)

1.974. Jesús, la Palabra infinita del Padre, el que es por su naturaleza divina el Arquitecto Eterno, al morar entre los hombres, para confundir la soberbia de los grandes, fue el Hijo del carpintero que durante 30 años manifestó al mundo la grandeza de su misión en la perfección cotidiana del cumplimiento del deber. (14-12-1976)

1.975. La perfección del cristiano no está en ocupar un puesto u otro en la sociedad, sino en vivir contento allí donde le ponga la voluntad divina. (14-12-1976)

1.978. ¡Cuántos «Nicodemos» quisieran seguir a Jesús…! Pero, cobardemente arrastrados por el respeto humano, se ocultan para buscarle en la noche, sin ser capaces de dar ante los demás un testimonio de Iglesia en medio de la nube de confusión que nos invade. (17-12-1976)

Jesús mismo, en un taller de Nazaret; san Ginés, en la escribanía de Arlés; y nosotros, allí donde la voluntad de Dios nos ponga, estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe con valentía.

“EL SECRETO DE LA CRUZ”

1.515. Jesús triunfó muriendo, en el desconcierto de todos sus perseguidores. En nuestra cruz está el triunfo de nuestro duro peregrinar. ( 6-1-1975)

1.517. El alma que sufre con Cristo crucificado es semillero de Iglesia, portadora de almas para la Eternidad. (7-3-1967)

1.518. Alma mía, no llores. ¡Dios es veraz! Alma mía, sufre, calla y sonríe muriendo, si es preciso, por la Iglesia… Gózate en tu muerte; y, cuando no puedas más, no olvides que Dios es tu eterno descanso. Si al ir a Él te pide aquello que te proporciona la muerte, no lo rehuyas, que tras ello está la resurrección y la vida. (25-4-75)

“EL GRAN MISTERIO DE LA IGLESIA”

754. Un manto real de sangre envuelve a mi Iglesia Madre; un manto real que su Esposo, Cristo Jesús, le donó el día de sus bodas, ya que, enloquecido de amor por ella, le dio como regalo su sangre divina, con la cual pudiera perdonar y divinizar a todos sus hijos. (14-11-59)

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
del libro Frutos de oración


Antífona de entrada (Salmo 20, 2):

«De tu poder, Señor, se alegra el justo, se alegra en el triunfo que le has dado».

San Ginés de Arlés, ruega por nosotros.


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